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¿Fin del mundo? NO ¿Cambio evolutivo? SÍ


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Lo siento por todos aquellos catastrofistas que han minado la web de falsas profecías, por todos aquellos que hablan en nombre de Nostradamus o que tergiversan el mensaje de la civilización maya. A todos os pido perdón pero el 21 de diciembre de 2012 el mundo no acabará fulminado por ninguna catástrofe, supondrá un paso más en el camino hacia una nivel de conciencia superior que hará del nuestro un mundo mejor. Y si no estais de acuerdo os invito a discutirlo aquí el 22 de diciembre de 2012.

Hace decenas y decenas de miles de años la comunicación no era tan sofisticada como hace 4000 años. El siglo XV el salto evolutivo vino de la mano de la imprenta contribuyendo a la difusión del conocimiento, el racionalismo, el individualismo. ¿Sabeis por dónde voy no? Revolución industrial, electricidad, telégrafo, teléfono, radio, televisión, computadoras, internet y móviles. Hasta aquí hemos llegado de momento, a disponer de móviles que nos permiten acceder a la información y a comunicarnos de una forma inimaginable no tan sólo para aquellos individuos de hace 4000 años sino también a nuestros propios abuelos.

Todos estos cambios se han producido de una forma exponencial. Tardamos muchísimo tiempo en pasar de la comunicación gestual y oral a la escrita. Pero fue menos tiempo el que pasó desde la aparición de la escritura en papel hasta la difusión de los libros. Y a medida que el tiempo pasaba los cambios se producían con mayor velocidad, como si el propio tiempo fuera un acelerador de los cambios. En una vida nuestros abuelos han pasado de escuchar una antigua radio a ver pasar por nuestras manos aparatos móviles con vídeo de alta defiinición descargados de cualquier parte del planeta.

Cada avance en la manera de comunicarnos se ha producido siempre en un lapso de tiempo menor. Y ahora que disponemos de esta tecnología tan avanzada somos capaces de predecir que en un futuro próximo dispondremos de mayores velocidades de conexión, mayor calidad de vídeo, de audio…
¿Algo más? Sí. El tiempo depara nuevos cambios, cambos de los que ya somos testigos. Ya empezó y es imparable.

Hace unos años éramos meros espectadores frente a una pantalla, frente a un periódico o una radio que nos informaba de lo que debíamos ser informados. Nuestra forma de vivir, nuestros ideales, nuestra cultura y nuestra economía bailaba al son de lo que dictaban los grandes medios de comunicación. La llegada de Internet supuso el inicio del cambio.

Pasamos de leer artículos en periódicos online a leer y comentar los posts de algunos de los más de 200 millones de blogs que existen en la actualidad. El 25% de los resultados de búsqueda de las 20 marcas más importantes a nivel mundial son enlaces a contenidos generados por los propios usuarios. Y esto no ha hecho más que comenzar.
Facebook supera ya los 400 millones de usuarios y Twitter alcanza en la actualidad los 50 millones de mensajes diarios. Wikipedia dispone de más de 35 millones de artículos y no para de crecer convirtiéndose en una enciclopedia colectiva al alcance de todos los internautas.

Todo estos cambios están otorgando a la humanidad de una libertad de pensamiento que está haciendo temblar a aquellos que ven peligrar su dominio sobre las masas. Las redes sociales obligan a las grandes marcas a tener que actuar de otra forma. Saben que las personas confiamos más en nuestras amistades que en un spot publicitario. Sin quererlo les estamos obligando a no engañarnos ni manipularnos, les estamos obligando a ser mejores marcas porque saben que la mala reputación en estas redes sociales se puede pagar cara.

Todo esto quizás no estaba previsto por los poderes que han dominado a la humanidad: la religión, la política y las empresas. El poder de la comunicación que nació del hombre pasó a manos de los grandes poderes que han dominado al pueblo durante toda nuestra historia. Ese poder está traspasándose poco a poco a las personas y llegará el momento en que todos tendremos el poder y la convicción de cambiar el mundo.

El tiempo juega a nuestro favor y por suerte está tan cercano el día que viviremos para poder contarlo. Nuestros horizontes serán otros mucho más ambiciosos.

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Némesis, la “Estrella de la Muerte”


Némesis

Némesis

Existe una gran cantidad de webs que se dedican a copiar y pegar los mismos textos sin aportar nada original respecto a la para algunos fatídica fecha de 21 de diciembre de 2012.

¿Queréis un nuevo motivo para no estar tranquilos respecto al futuro del planeta? No es nada nuevo, básicamente porque ya ha sucedido con anterioridad. Estamos hablando de la posibilidad de que un cometa o meteorito de gran tamaño impacte contra la Tierra. La probabilidad de que esto suceda es tan real como que un día el Sol se convertirá en una supernova que engullirá los hermosos planetas del sistema solar. Tranquilos, queda mucho para que nuestro Sol nos chamusque y nadie tiene la capacidad para predecir que ese viernes de diciembre un cometa nos atropelle.

Son varios las webs que hablan de la posibilidad de que un objeto por descubrir esté rondando nuestro sistema solar. Dicen que nuestro Sol podría formar parte de un sistema estelar binario acompañado por una estrella del tipo enana roja o enana marrón o incluso un planeta distante (Planeta X, Nibiru, Hercólubus…) cuya masa superaría varias veces la de Júpiter. A ese objeto se le ha dado el nombre de Némesis o “Estrella de la muerte“. Un objeto cuya órbita sería extremadamente excéntrica y que algunos ciéntificos se han aventurado a datar en un ciclo de 26 millones de años.

¿Cómo se puede datar el tiempo que tarde en hacer una órbita completa algo que no se sabe si existe?

Eso es lógicamente imposible de calcular. Los que apoyan esa hipótesis la utilizan para justificar el “regular” ciclo de extinción en la Tierra que se produce aproximadamente cada 26 millones de años. Pero las extinciones no han ocurrido regularmente cada 26 millones de años. Es necesario dar una explicación a los ciclos de extinción, así que qué mejor que hacer encajar la hipótesis sobre Némesis y su órbita y aludir también a ciclos regulares de extinción que se producen cada 26 millones de años. Ding dong, extinción…

¿Y por qué la supuesta órbita de Némesis podría ser responsable de los ciclos de extinción?

A aproximadamente un año luz de nuestro Sol se extiende una hipotética (no se ha podido observar directamente) nube de cometas que envuelve nuestro sistema solar. Se cree que la nube de Oort podría estar formada por entre 1 billón y 100 billones de cometas. El paso de Némesis por la nube de Oort pertubaría la formación de esta nube expulsando cometas en varias direcciones, algunos orientados hacia nuestro sistema solar.

Los antecedentes de colisiones de cometas contra planetas de nuestro sistema solar son muy recientes. En 1994 el cometa Shoemaker Levy 9 impactó contra Júpiter. En Julio de 2009 otro cometa volvía a impactar contra Júpiter y el pasado 12 de marzo de 2010 la sonda espacial SOHO detectó el impacto de varios cometas contra nuestro Sol:

No parece que el nombre que se le ha dado a esa hipotética estrella sea casual. En la mitología griega Némesis era la diosa de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. Castigaba sobre todo la desmesura y a los hijos que desobedecían a sus padres. La intención de sus castigos era la de dar a entender a los hombres que no podían ser afortunados en exceso y que, debido a su condición humana, no podían trastocar el equilibrio universal. A Némesis se le consideraba como uno de los atributos del Dios supremo y era el instrumento de la cólera divina.

Todo esto no significa que si Némesis existe y causa alguna perturbación capaz de atraer un cometa hacia nuestro Sol se tenga que cruzar en la órbita terrestre. Y si su influencia hiciera que un cometa se dirijiese hacia nosotros ese cometa tardaría en llegar miles de años.

También hay que decir que nuestro firmamento es observado cada vez por más astrónomos profesionales y aficionados, que la tecnología ha avanzado a paso de gigangte y que por tanto es más probable ver acontecimientos que en otras épocas resultaban más difíciles de detectar, como por ejemplo los impactos de meteoritos y cometas.

 

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